Hace 14 años, siendo ministro de Energía y Minas, atendí una entrevista solicitada por el ingeniero Luis Hochschild Plaut, que en lugar de tratar temas mineros como era
natural suponer, se refirió al problema de la educación tecnológica en el país.
Recibí entonces su amable invitación para conocer el Campus del Instituto que estaba próximo a inaugurarse y fue así que al recorrer sus aulas, talleres y laboratorios
experimenté la sensación de estar viviendo un maravilloso sueño. Asistí después, en agosto de 1984, a la inauguración por el propio presidente Fernando Belaúnde.
Grande y muy grata fue mi sorpresa cuando al término del gobierno, en agosto de 1985, Luis Hochschild me ofreciera ser director del Tecsup, lo que por cierto acepté de inmediato.
Desde entonces me cupo el privilegio de trabajar con este extraordinario hombre cuyas cualidades conocí y realmente disfruté en el trato frecuente y amical que desde entonces me brindara y que permitió acercarme a
una personalidad que sin exageración alguna creo que corresponde a uno de los hombres que más hizo por el Perú y por los peruanos en los últimos tiempos.
Su preparación en la ingeniería, sumada a su cultura universal apoyada en el perfecto dominio de los idiomas alemán, francés e inglés, además del castellano, le dieron
una profunda conciencia del valor de la educación para el progreso social.
Las minas y la fábrica de cemento que desarrolló, no fueron heredadas ni encontradas, sino, por el contrario, creadas o potenciadas con esfuerzo y visión verdaderamente empresariales; y lo
que caracterizó a su grupo de compañías fue una permanente preocupación por las personas, tanto las que trabajan en ellas como las que resultan relacionadas a sus actividades.
Los ejemplos en estos campos son muchos y van desde el apoyo a la electrificación de pueblos vecinos a las minas, pasando por programas de forestación, mejoramiento de alpaca o siembra de alevinos
de truchas, hasta la construcción de escuelas y carreteras.
El apoyo a obras sociales y al alivio de la pobreza fue para Luis Hochschild, con el permanente apoyo de su esposa Anita, una constante de vida. Y, aunque estas líneas signifiquen transgredir su inquebrantable
norma de anonimato que caracterizó la grandeza de su alma, creo que en esta hora crucial de su paso a la posteridad y a la paz del Señor, no pueden dejar de proclamarse. Allí están la Casa Hogar para niños en Chimbote,
que monseñor Bambarén bautizó con el nombre de Luchito, muchas de las cocinas populares de la Sra. Violeta correa de Belaunde, su apoyo al colegio La Alegría del Señor, al Asilo de ancianos desamparados, al Centro de
Integración para menores abandonados y a muchas otras obras de bien social cuya lista excederá las limitaciones de esta nota. Empero, su más querida creación es el Tecsup.
Convencido del valor de la educación como la palanca fundamental para el desarrollo de las personas y conociendo desde cerca la pobreza como la gran barrera que frustra el porvenir de los jóvenes con
aptitud y vocación, creó el Tecsup e implementó un sistema de crédito educativo que, aplicando un fondo rotatorio que a la fecha suma más de dos millones de dólares, ha prestado el equivalente en dinero de 18.128
pensiones mensuales a jóvenes con limitaciones económicas que las devuelven cuando están trabajando, en lo que representa un maravilloso acto no sólo de responsabilidad sino además de generosa solidaridad. El cumplimiento
en la devolución de las pensiones prestadas, es primero, una muestra de integridad moral de los egresados y como la defección no ha llegado ni al 5%, se convierte además en estímulo para la obtención de donaciones para el
Fondo por otras personas y entidades, que han permitido ampliar el número de beneficiarios.
Todo esto por cierto basado firmemente en una óptima calidad de la educación impartida, que ha logrado que los egresados de Tecsup tengan trabajo en un 95 por ciento.
La descentralización de las actividades de Tecsup -entendida como la necesidad de que los jóvenes con tlento que este´n lejos de Lima puedan acceder a sus programas- impulsó a Luis Hochschild
a crear el Tecsup Nº 2 para el Sur del perú, ubicado en Arequipa y ahora tienen en el Programa de Educación Satelital Interactiva su gran plataforma para llegar a los lugares apartados del país.
Los miles de peruanos que hemos sido objeto de la generosidad de Luis Hochschild no podemos menos que sentir una terrible congoja por su partida. Los criminales que segaron su vida merecen el más duro castigo de
la justicia, pero lo que menos podemos dejar de hacer todos los que compartimos sus ideales y tratamos de apoyarlo, es continuar su obra. No permitamos que las balas que mataron a este peruano excepcional puedan también lastimar o frustrar las vidas
de los miles de hombres y mujeres del futuro del Perú, que él había decidido apoyar.
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