Uno de los centros de formación técnica y profesional de mayor prestigio en el país es, sin duda, TECSUP. Esta institución sin fines de
lucro se ha convertido, como sostienen sus patrocinadores, en una verdadera puerta abierta al futuro. Al cumplir sus primeros diez años de funcionamiento conocimos a su principal
gestor, quien sin ningún aspaviento viene contribuyendo, de manera efectiva, en la solución de uno de los más graves problemas del país: la educación. En su sobrio despacho, el
Ing. Luis Hochschild Plaut respondió a nuestras interrogantes.
1.- Al conmemorarse el décimo aniversario de la fundación de este Instituto, ¿cuáles son los recuerdos que más afloran en su mente?
La idea de crearlo surgió cuando vivía en Bélgica. Recordaba que el Perú tenía más de 50 universidades y que era muy notoria la falta de
verdaderos institutos técnicos. Por mi propia experiencia, veía al técnico como el nexo entre el ingeniero y el obrero; aquél que debía formarse en tres años, de los cuales la mitad,
por lo menos, en talleres y laboratorios. Es decir, un cincuenta por ciento en el trabajo y el otro cincuenta por ciento en el estudio eminente teórico. Pero tenía presente, también, que a este tipo
de formación se le veía con algo de menosprecio, de un nivel muy inferior al profesional, por lo que todos los jóvenes querían ir a la universidad. Esta le daba un "status" diferente,
mayor que el que tenía el resto de gente. Era, por ello mismo, algo contra lo que se debía luchar: los prejuicios sociales. Personalmente estaba y estoy muy convencido de que el hombre vale por el trabajo
que realiza y que el éxito no hace distingos sino que reconoce al que hace lo mejor en la tarea a la que se dedica, ya sea como obrero, técnico o ingeniero. Con estas ideas nace el proyecto en Bruselas,
Bélgica.
2.-¿Quién o quiénes lo acompañaron inicialmente?
La idea la conversé con mi cuñado, Rodolfo Beeck Navarro, un ingeniero que profesionalmente había tenido una carrera exitosa en el Perú. Además, se
había dedicado largo tiempo a estudiar su problemática educativa. Era un hombre que sabía mucho de los problemas que existían en este campo, a cuyo estudio, repito, le dio varios años de su
vida. Fue a él a quien le propuse la idea de llevar adelante este proyecto, encargándole, por cierto, la dirección ejecutiva del Instituto. Rodolfo le dio varias vueltas a la idea y asumió el
reto, con todo lo que significaba el iniciar una obra de este tipo. A él le correspondería la tarea de buscar a los profesores, es decir, la planta docente, definir los detalles de la construcción y
conseguir conmigo los donativos que hacían falta.
3.- ¿Qué es lo que más necesitaban?
Necesitábamos no sólo dinero sino, también, entidades que nos aconsejaran todo lo relativo a la parte tecnológica, a las condiciones de la gente con las
que debíamos trabajar, es decir, personal con experiencia en estudios o proyectos de este tipo y en el campo de la enseñanza. Estas urgencias nos llevarían a Alemania, concretamente al Estado de Baden-Württemberg,
al sur de aquel país, donde encontramos la asesoría y asistencia que requeríamos, puesto que ya ofrecían estos mismos servicios en distintas partes del mundo, especialmente en Africa y la China.
4.- ¿Con qué resultados?
Fuimos muy bien recibidos. Nos ofrecieron, inicialmente, apoyo en el campo de la asistencia técnica y después desarrollamos con ellos una relación muy positiva y cordial.
Pasaron de la asistencia con un profesor al donativo de maquinarias. Fueron ellos los que realmente nos dieron el respaldo básico para el desarrollo del Instituto. Nos revisaron los planos arquitectónicos y su ayuda,
insisto, fue fundamental.
5.-¿Contaron, también, con otras ayudas?
Sí, hubo otros grupos, en el ámbito internacional, que nos ayudaron inicialmente. El A.I.D. de los EE.UU. impulsó, sobre todo, cursos vespertinos cortos, para gente que ya
trabajaba en la industria y que quería ingresar en contacto con la moderna tecnología. Recibimos, asimismo, la ayuda del B.I.D. para hacer viable nuestra idea de que ningún alumno que ingresara al Instituto lo
abandonara por falta de recursos económicos. Este Banco, después de una negociación muy interesante, nos dio un apoyo sustancial para nuestro programa de crédito educativo. Lo recibimos no como un donativo
sino como un crédito para formar un fondo revolvente, por el que el alumno que lo recibía tenía que devolverlo, con el fruto de su trabajo de egresado, para favorecer a otro. Tuvimos, también, el apoyo del
Mercado Común Europeo, a través de profesores y de maquinaria. Todo esto podíamos inventariarlo como la ayuda inicial que recibimos.
6.-¿Por qué recibieron tanta ayuda inicialmente?
Inicialmente, la ayuda no fue tan sustancial. La alemana nos vimos paulatinamente. Primero, fue la asistencia técnica, con solamente consejos y el concurso de supervisiones, después
sí vino la sustancial, sobre todo en maquinaria. Pero esto se debió a que nosotros conseguimos localmente una gran ayuda. Como se sabe, cuando ellos ven esta ayuda local y ésta es considerable, entonces apoyan
cualquier proyecto, más aún como el que nosotros veníamos desarrollando. Debo reiterar, en este sentido, que nosotros conseguimos inicialmente una participación local muy sustancial. Fueron empresas y
empresarios peruanos los que inicialmente dieron un gran apoyo al proyecto. Como siempre más fácil es conseguir el apoyo cuando el tren está marchando que cuando el tren todavía no existe. Y esto nos
sucedió con toda la ayuda extranjera.
7.- De esta ayuda internacional, ¿cuál le merece un comentario especial?
Toda la ayuda que recibimos merecería un comentario especial, pero podría decir que la del BID (Banco Interamericano de Desarrollo) que nos dio el apoyo una vez que vieron lo que
estábamos haciendo, nos ha permitido establecer nuestro programa de crédito educativo, que en su esencia recoge nuestra mayor preocupación: formar al que es capaz aunque no cuente con recursos económicos.
El BID nos ha ayudado durante cuatro años en el cumplimiento de este objetivo institucional.
8.- De toda la ayuda recibida, ¿de cuál haría especial mención?
De la que nos dio el empresario peruano. Fueron empresas mineras, industriales y de construcción las que tuvieron fe en el proyecto y nos apoyaron sin ninguna duda. A ellos les debemos, la
adquisición del terreno, el flujo de caja inicial cuando, precisamente, teníamos muy pocos alumnos y cuyas pensiones no cubrían ni remotamente las remuneraciones de los profesores y empleados. Fueron ellas, las
empresas peruanas, las que financiaron la vida del Instituto durante los primeros años; ellas contribuyeron para la construcción del local, para cubrir los déficit de caja y con ellos el pago de los sueldos y salarios.
Todo esto lo financiamos con la ayuda local. De fuera nos vino para el crédito educativo y, sobre todo, el equipamiento y la maquinaria que ahora disponemos.
9.- Antes de que tuviera la idea de crear este Instituto, ¿tuvo Ud. Alguna experiencia en el campo educativo?
Experiencia educativa, ninguna. Fue cuando vivía en Europa y pensando en qué se podía hacer por el Perú es que llegué a la conclusión de que un país
no podía desarrollarse sin elevar su nivel educativo. Tuve la seguridad de que la única forma que había para salir del subdesarrollo era y sigue siendo impulsando la educación en general y, en particular, la
tecnológica. Recordaba, hace ya más de diez años, el panorama que ofrecían las cincuentaitantas universidades, de las cuales salía gente con título en la mano y sin las mínimas posibilidades de
encontrar trabajo. Y no sólo eran los años de esta formación universitaria sino los once más de los niveles previos, como primaria y secundaria. Toda esta educación, que en su mayor parte está pagada
por el Estado, no conducía a nada seguro; muy por el contrario, a la frustración por la falta de puestos de trabajo. Ya, entonces, la cantidad de profesionales que salía de las universidades era infinitamente mayor a
la que el país necesitaba. Este exceso de profesionales provocaba, en la mayoría de ellos, repito, un elevado grado de frustración y hasta resentimiento y descontento, sentimientos éstos que contribuyeron a
generar otros comportamientos que tanto daño han hecho a nuestra sociedad. Este mismo panorama nos presentaba, muy claramente, la falta de centros que formaran adecuadamente a las técnicos que, por su parte, llenarían un
gran vacío en la vida productiva del país. Nuestra idea, por eso, pretendía llenar este vacío.
10.- Cuando hacía toda esta reflexión sobre el Perú, ¿sentía profundamente los problemas del Perú? ¿Había vivido mucho tiempo entre nosotros?
Yo, efectivamente, había vivido, me había educado acá, Después de salir de la universidad había, también, trabajado muchos años en el Perú.
Seguía, obviamente, vinculado al país por la organización misma en la que trabajaba, y pensaba siempre en el Perú. Además, tenía la intención de regresar. Todo esto contribuyó a que
surgiera la idea del Instituto y le pidiera a mi cuñado Rodolfo Beeck que me ayudara a formarlo. Y así nació.
11.- ¿Y cómo lo ve a los 10 años?
Creo que el éxito está a la vista. Basta con fijarse en el número de alumnos que han egresado en cada una de las promociones y que casi todos tienen puestos de trabajo, para
comprobar lo que acabo de manifestar. Esta proporción de egresados que acabo de manifestar. Esta proporción de egresados que están trabajando en un país como el Perú, castigado por una larga y severa
crisis económica, es sin duda, muestra que alcanzamos nuestros objetivos. Ante un porcentaje tan alto de desocupación, el seis por ciento de egresados del Instituto que no tienen empleo estable es un porcentaje muy pequeño.
Al contrario, podría ser calificado de sorprendente si se compara con el porcentaje de desocupados con título en la mano.
12.- Después de tan halagadora comprobación, es decir, del éxito del TECSUP, ¿sigue pensando en que la educación es la base del desarrollo del país?
No me cabe la menor duda. No soy educador por profesión y estoy, realmente, muy lejos de ser un entendido en la materia. Mi primer contacto, efectivo, con este sector se ha dado a través
de TECSUP. Pero, desde el principio, se ha buscado directores ejecutivos muy idóneos, muy capaces. Hasta ahora hemos tenido cuatro y puedo citar a los dos primeros, los ingenieros Rodolfo Beeck y Juan Incháustegui. Con todos
ellos tuvimos una gran suerte, por su calidad y formación. Y respondiendo concretamente a su pregunta, nosotros no sólo seguimos convencidos de que la educación es primordial en el Perú, sino que como pensamos
al inicio de esta idea la de crear TECSUP y luego mantuvimos como su razón de ser o como la base de su filosofía: nadie debe dejar de estudiar por motivos económicos.
13.- ¿Pensaron, inicialmente, en algo más?
Nos propusimos, si nos quedaba energía y entusiasmo, ir hacia la descentralización. Es decir, una vez concluido el de Lima organizar otro en provincias y así llegamos al de Arequipa.
Ya tenemos el terreno, hemos comenzado a construir y estamos en clases. En este caso, nos encontramos en la etapa todavía inicial, pero tenemos, otra vez, la ayuda nacional y un contrato muy amplio con Alemania, por el que nos da apoyo
tanto en la parte educacional como en el envío de maquinaria. Tenemos profesores alemanes y profesores peruanos que van a especializarse a Europa, como incentivo para el perfeccionamiento profesional. Y estamos en gestiones adicionales
para concretar el otro proyecto de descentralización que es la educación vía satélite. Este último es un proyecto en el cual estamos abocados con gran entusiasmo, dedicando fondos y profesores del TECSUP, con
un gran apoyo del Canadá, al que hemos recurrido porque nunca pretendemos inventar sino adecuar a nuestra realidad las mejores experiencias extranjeras. En Canadá, país muy extenso y que tiene minas por todos lados, tuvieron
que resolver el problema de cómo enseñar en lugares tan remotos y recurrieron a la vía satélite. Nos están ayudando bastante y para concretar este proyecto necesitamos el acceso al satélite donado por los EE.UU.
al Perú para fines educativos. Estamos en estas gestiones y seguiremos trabajando por mejorar la educación en el país.
El Comercio, 21 de Agosto de 1994
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